Posesión infernal: En llamas

📄 SINOPSIS:
La joven Alice acaba de perder a su marido, Will, en un terrible accidente de tráfico. En tan dramáticas circunstancias, se verá obligada a pasar una jornada en la deteriorada casa de campo de sus suegros. Allí pronto se desatará un auténtico infierno. (Cineycine).
“Respetar también significa entender que ‘Posesión infernal’ no trata solo de sangre y motosierras. Hay muchísimo más por explorar en este universo. Y eso es precisamente lo que estaba decidido a hacer: aprender las reglas y darles la vuelta”. Sébastien Vaniček nos invita a presenciar una nueva ‘Posesión infernal: En llamas’.
“¡Os hemos encontrado!” (Muertoide)

Crítica de Posesión infernal: En llamas
Sébastien Vanicek es un director francés que saltó a la palestra pública gracias a ‘Vermin: La plaga’ (2023), su ópera prima. Su propuesta era una película de terror que llamó la atención del productor Rob Tapert, mítico mecenas y guardián de la saga ‘Evil Dead’. Por ello, cuando Vanicek se presentó ante él con nuevas ideas para la franquicia, Tapert ya tenía sus referencias. Una vez que Vanicek expuso su visión, tanto a Tapert como al mismísimo Sam Raimi, estos le dieron su bendición y decidieron producir el film. Y así, básicamente, fue como ‘Posesión infernal: En llamas’ se hizo realidad.
A nivel de dirección, y cómo no podía ser de otra forma, destaca ese aire malsano y violento tan propio del cine de género francés. Asimismo vemos como Vaniček emplea en determinadas escenas el plano secuencia más cómo una forma de narrar determinadas set-pices que como una floritura. Y, por supuesto, también están los agresivos acercamientos de cámara heredados de Raimi. El “pero” más importante en el apartado técnico es el uso del color y la fotografía. Ambos elementos son realmente tristones. Tan es así que el film bien parece una “bulgarada” de Van Damme antes que una cinta rodada en Nueva Zelanda. En cualquier caso, este aspecto “tristón” y/o desaturado del color es algo totalmente intencionado en relación a una parte de la temática del film. Tema distinto es que, visualmente, no queda bien.

El guión es obra del propio Sébastien Vanicek con la colaboración de su amigo Florent Bernard. A pesar de que el film prácticamente sea una sucesión de ataques de los muertoides (deadites), también se cede su hueco para hablarnos fundamentalmente de la familia, la muerte y las tan manidas y actuales relaciones tóxicas. El primer y el segundo temas quedan reflejados y tratados en la familia protagonista. Y el segundo en el matrimonio entre Will y Alice, abrazando el primero el concepto de hombre blanco, violento y maltratador… ¡No podía ser de otra forma dados los tiempos que siguen corriendo!
A nivel de guión, y de trama, la principal novedad que presenta en ‘En llamas’ es la idea de que los muertoides sean capaces de elaborar un plan con cierta complejidad. Esto anteriormente no se había visto tan claramente. Pero aquí las demoníacas criaturas tienen un claro objetivo y todas sus acciones, incluidas las del prólogo, van encaminadas a conseguirlo. Por supuesto, y a lo largo del metraje, este objetivo será desvelado junto a otras grandes novedades, tanto de la familia protagonista como de la mitología y estudio del Necronomicón (‘El Círculo de los Hombres Sabios’ como ejemplo más claro). El problema surge cuando se ahonda con un poco de profundidad en el guión y se aprecia que hay lagunas y cosas que no cuadran en el conjunto porque no se han trabajado con rigor.
Al igual que sucedía con ‘Posesión infernal: El despertar’ (Lee Cronin, 2023), esta nueva película de la franquicia también puede ser vista sin haber visionado las anteriores. Especialmente poco o nada tienen que ver con las dirigidas por Sam Raimi y protagonizadas por Bruce Campbell. Estamos ante un uso “genérico” de la marca “Evil Dead” para dar cabida a una nueva trilogía de terror con los muertoides como amos de la fiesta. Y digo bien lo de “trilogía” porque dentro de un año, o dos, nos llegará la tercera entrega titulada ‘Evil Dead Wrath’. En cualquier caso, y dando forma a la “trilogía”, hay un cierta continuidad de ‘El despertar’ a ‘En llamas’. Esta continuidad hay que buscarla en los prólogos y epílogos de ambos films. En este sentido, los eventos de ‘En llamas’ son posteriores a los de ‘El despertar’.

‘En llamas’ destaca por su ritmo y brutalidad desmedida. Pasados unos minutos de presentación de personajes (no más de media hora), la película se convierte en un tren de la bruja total y absoluto. Esto quiere decir que los muertoides camparán a sus anchas por el resto del metraje provocando un sinfín de salvajismo. Y esto realmente es un no-parar. Cuando creías que la violencia de una escena ya no podía ser superada se sucede otra igual o superior. Tan es así que esto que, en principio, podría ser bueno… termina por saturar. Y termina por saturar porque no hay tiempos muertos ni nada por el estilo. Es como tomar demasiado de un postre que te gusta mucho… al final acabas repleto. Y esto es lo que ocurre con tantísima exhibición de muertoides y violencia a punta pala. Eso sí, paradójicamente, no hay una descomunal exhibición de sangre.
En relación a lo anterior están los efectos especiales. En este caso, afortunadamente, en su mayoría son efectos prácticos. Hablamos de diferentes prótesis y maquillaje que nos dejarán un festín de cuerpos mutilados, acuchillados, abrasados, suicidados, reventados, partidos por la mitad,… en fin, toda una galería del horror. Prácticamente el CGI nos remite básicamente a una determinada criatura que hará su aparición en el tramo final.

Respecto al reparto, y fuera ya de la ecuación desde hace décadas Bruce Campbell, hay que destacar la entregada labor de la actriz protagonista de turno. En este caso hablamos de Souheila Yacoub como Alice. Su performance es totalmente deudora, en cuanto a sufrimiento y acoso, de las realizadas en su momento por Jane Levy y Lily Sullivan. Esto implica un gran despliegue físico en el que da y recibe multitud de salvajes e inhumanos golpes que repercuten en tremebundas heridas. Por su parte, Tandi Wright mantiene una postura “regia” que le va muy bien a su personaje de Susan, la suegra de Alice. También es importante señalar como la actriz va haciendo decaer al personaje a medida que se suceden los terribles acontecimientos. La que está claramente para el humor negro es la veterana Maude Davey como Polly, la impedida madre de Susan.
En cuanto al casting masculino lo cierto es que como personajes del film no salen muy bien parados. Para empezar tenemos a Will interpretado por George Pullar que cumple sobradamente como violento marido. A su hermano, Joseph, lo interpreta Hunter Doohan recreando a un joven blando y, en cierta medida, cobarde. Y la guinda la pone Erroll Shand cumpliendo en un rol de un solo registro como Edgar, el patriarca que tiene mal carácter y que no traga a Alice. Por último, queda Luciane Buchanan como Thya, la esposa de Joseph. Su actuación, sobre todo desde un punto de vista físico, alcanza sus más altas cotas a partir del “incidente” del coche.
“A tomar por culo tu puta familia” (Alice)

En conclusión.
Termino esta crítica de Posesión infernal: En llamas, prácticamente podría copiar y pegar aquí la conclusión que, en su momento, escribí para ‘El despertar’… y apenas se notaría. Nuevamente estamos ante una bajada de escalón que supone que ‘En llamas’ quede en el último lugar de la saga. Una vez más vemos como se aprovecha la marca “Evil Dead” para dar lugar a un producto genérico entregado total y absolutamente a los muertoides aportando muy poco al conjunto.
AVISO: Hay dos escenas post-créditos (una al principio de los mismos y otra al final de todo).
Tráiler de Posesión infernal: En llamas
La secuencia del coche. El maquillaje y efectos prácticos. La valentía en según qué escenas que rompen determinados tabús.
Al igual que ‘El despertar’, el hecho de poder verla como un film “independiente” de la franquicia la aleja de la misma… y esto no es bueno cuando usa su título para captar a los nostálgicos como yo. La violencia non-stop termina por saturar. Determinadas incoherencias.






