El gran halcón

📄 SINOPSIS:
Eddie Hawkins, apodado “Hudson Hawk”, es un ladrón de guante blanco que acaba de salir de la cárcel donde ha pasado toda la década de los años ochenta. A las puertas de la libertad le espera su amigo y antiguo compinche de hurtos. Hawk jura que no volverá a robar y que solo quiere tomarse un capuchino en su bar de siempre. Pero ni su bar es el de siempre ni va poder tomarse un capuchino. Ya que pronto es obligado por unos mafiosos a sustraer una reliquia de Da Vinci llamada ‘La Sforza’. Todo lo que vendrá después será una inenarrable sucesión de acontecimientos que le llevarán hasta Roma. (Cineycine).
“Hace muchos años, el Duque de Milán encargó a un artista poco conocido que erigiera una estatua gigante de un caballo. Fue en el año 1481. El artista era Leonardo Da Vinci. Llamaron a la estatua ‘La Sforza’. Pero… estalló la guerra y el bronce escaseaba, así que Leonardo decidió inventar una máquina para convertir el plomo en bronce. Esta le dio mucho más de lo que esperaba…”. Bruce Willis es ‘El gran halcón’.
“Ayer salí de la cárcel y ya estoy robando… yo solo quería un capuchino” (Eddie)

Crítica de El gran halcón
En el verano de 1990, Bruce Willis, tras meses de negociaciones, logró que le dieran luz verde para intentar hacer un film más cercano en espíritu a ‘Luz de luna’ (1985-1989), la serie que lo lanzó a la fama en televisión. Willis quería alejarse un poco del héroe de acción al que parecía condenado, a pesar de su desagrado, en aquellos años. Así fue como se aprobó con un descomunal presupuesto (teniendo en cuenta el tipo de film que era) de 65 millones de dólares para ‘El gran halcón’ (Hudson Hawk, título original). La película era, a su vez, el germen de una canción que escribieron juntos Willis y su amigo Robert Kraft. Ambos crearon el tema cuando compartían profesión de camareros e intentaban convertirse en cantantes pasando también largas noches de fiesta. Todo eso sucedió a principio de los ochenta.
Joel Silver como productor y hacedor, el amparo de la Tristar en su distribución, y un guión perfilado finalmente por el gran responsable de éxitos pasados de Silver como Steven E. De Souza, parecían receta de éxito suficiente para garantizar un hit de taquilla. Pero, cuando la película vio la luz el 24 de mayo de 1991, el resultado fue un severo revés de taquilla. Además, significó el primer gran fracaso en la carrera de Willis como estrella. Tras ‘Hudson Hawk’, el actor nunca más volvió a intentar producir una historia inventada por él. La propuesta acabó arrasando en los Razzies con tres premios. Y, por si fuera poco, en el año 2000, resultó nominada a peor película de la década de los 90. El triunfo final fue para la todavía más denostada ‘Showgirls’ (Paul Verhoeven, 1995).

‘El gran halcón’ es un film más curioso que otra cosa. Totalmente “demodé” incluso para comienzo de los noventa. La cinta transita a trompicones por la comedia tipo slapstick, el cartoon en carne y hueso, el cine de aventuras de bribones y el cine de acción autoimpuesto. Este último, a buen seguro, establecido por Joel Silver para poder vender el film con mayores ambiciones. Incluso podría entrar en esa lista de películas que son tan malas que resultan entretenidas por eso mismo… por el encanto que van despertando en el espectador. Los chistes realmente parecen improvisados sobre la marcha (y muchos así lo fueron). Además, De Souza trufa el metraje de guiños a ‘Jungla de cristal’ (John McTiernan, 1987) como los nombres de chocolatinas de los esbirros silenciosos, la ambulancia saliendo de un camión gigante para huir de un robo y más momentos de ese tipo.
Pero todo en su conjunto no encaja. Especialmente cuando van haciendo aparición las subtramas de personajes clichés llevados al extremo más inclasificable… como los Mayflower’s, la monja espía del Vaticano, el renegado agente de la CIA o el dúo de mafiosos extorsionadores. Entre medias de todo, y todos, van Bruce Willis y Danny Aiello. Ellos son la pareja protagonista con sus pullas de amigos a lo ‘Rat Pack’ y pintas de eternos trasnochados a los que el progreso parece haber dejado atrás.
Michael Lehmann fue el director. Estamos ante un especialista en comedias de diálogos y presupuestos controlados más que en blockbusters. En ‘El gran halcón’ se encuentra con grandes medios y localizaciones imponentes, pero no sabe muy bien qué hacer. Aunque a su favor hay que decir que realmente toda la parte rodada en Italia luce muy bien. Eso sí, sin un avance que haga elevarse la producción más allá de la sucesión de gags en plan metralleta (muchos no muy conseguidos) y del recurso de incluir acción en caso de duda. La fotografía de Dante Spinotti salva bastante el asunto. En ese aspecto brilla cada dólar invertido, salvo en la secuencia del helicóptero de Da Vinci. La música la firma Michael Kamen con un tono de aventura desenfada bastante acertado. Y cuenta con añadidos de Robert Kraft sobre la canción original del largometraje.

El elenco lo encabeza Bruce Willis (Eddie). Realmente no se puede decir que entregue una mala labor, pero no siempre su humor encaja con el resto. Por si fuera poco, el hecho de cargar con el personaje de Andie MacDowell (Anna), con quien no tiene ninguna química, no le ayuda a afinar su labor. En la parte de acción y aventuras, aunque poco novedosa, y claramente añadida para dar más vida al conjunto, Willis parece mejorar algo… aunque siempre se haga con perspectiva cómica. Donde si que luce totalmente cómodo y feliz es durante los números musicales. Su compañero de fechorías es un agradable Danny Aiello como Frankie “Five” Tones. Este personaje es un ya avejentado ladrón que ahora se conforma con dirigir un bar de copas para la élite de Nueva York, aunque extraña los buenos tiempos. Aiello y Willis si que logran buena química juntos.
Encabeza el elenco de secundarios el gran James Coburn como George Kaplan, un reclutador de la CIA que traicionó a Eddie en el pasado. Entre los villanos, ciertamente innumerables, destaca Frank Stallone (Cesar Mario) que parece sacado de una parodia de ‘Uno de los nuestros’ (Martin Scorsese, 1990). También aparece un silencioso David Caruso como Kit-Kat, un maestro del disfraz con una tarjeta para cada momento. Y como intraducibles tarados mentales, y puro meme en carne y hueso, están Richard E. Grant (Darwin) y Sandra Bernhard (Minerva) totalmente pasados de rosca desde el minuto uno. Al parecer, y toda vez que estuvieron en el set y vieron lo caótico del proyecto, Grant y Bernhard llegaron a la conclusión de que harían a sus personajes cada vez más exagerados para divertirse. Algo que a fe consiguen. Divertirse ellos, me refiero.
“El dinero no lo es todo. ¡El oro, sí!” (Darwin y Minerva Mayflower)

En resumidas cuentas.
Acabo esta crítica de El gran halcón, una rareza en la carrera de Bruce Willis. Aunque no lo parezca tiene bastantes fans y defensores… pero lo cierto es que funciona más como film de sobremesa que como gran película para llenar salas. Y eso teniendo a una estrella como Willis, y un presupuesto como el que dispusieron, no habla muy bien de como se hicieron las cosas. ¿Capricho de estrella o genialidad incomprendida? Véanla y juzguen ustedes mismos.
Tráiler de El gran halcón
La introducción de los dúos musicales en medio de la acción. Toda su parte en Italia. Ver a Wilis en plan estrella al que todo le da igual y se ha juntado con amiguetes para jugar con el dinero de los demás. El juego de guiños a ‘Jungla de cristal’.
Como se diría vulgarmente los villanos principales son “caca”. El personaje de James Coburn nunca deja claro hacia dónde va y lo mismo pasa con Andie MacDowell. Algunos cortes de metraje que evidencian que la sala de montaje debió ser el Vietnam. Ciertos dobles bastante exagerados de James Coburn en el clímax final con Willis.






