Wicker Man

📄 SINOPSIS:
El agente de patrulla Edward Malus se encuentra de baja tras sufrir un durísimo accidente en un control rutinario. Pero, de repente, recibe una carta de su antigua prometida escrita desde Summersisle, una aislada isla a la que ella huyó tras abandonarlo. En la misiva le pide que acuda al lugar para ayudarla a dar con el paradero de su hija, Rowan. Al parecer, la pequeña lleva semanas desaparecida ante el mutismo de las lugareñas. Edward decidirá entonces viajar hasta la recóndita isla. Allí descubrirá que los habitantes de la región viven por completo al margen de las leyes de convivencia del resto de la sociedad. (Cineycine).
“Edward, ya sé que hace años que no hablamos y que lo nuestro acabó muy mal. O, para ser más justos, fui yo quién lo acabó muy mal. Pero ahora debo hablarte. Tengo una hija, se llama Rowan. Desapareció hace ya dos semanas y necesito tu ayuda. Vivo en Summersisle. Es donde me crie. Rowan no pudo haber salido de la isla sola. Me temo que está en peligro y por eso ahora acudo a ti. Con cariño, Williow”. En este remake del original setentero Nicolas Cage no para de correr convertido en ‘Wicker Man’.
“Summersisle ¿Dónde coño está eso?” (Pete)

Crítica de Wicker Man
“Mi amigo Johnny Ramone me invitó una noche a su casa y vimos ‘El hombre de mimbre’ (Robin Hardy, 1973), de la que él era un gran fan. Aquella película me afectó profundamente. Su recuerdo se quedó conmigo durante semanas y, al cabo de ese tiempo, decidí que debía hacer una nueva versión”. Esta cita es de Nicolas Cage y responde a estas dos cuestiones: ¿Por qué se hizo el film que hoy nos ocupa? y ¿Por qué de su dedicatoria final a Johnny Ramone al inicio de los créditos de ‘Wicker Man’?
Cage decidió que haría esta nueva revisión por todos los medios y a toda costa. Para ello se asoció con Millennium Films y el cineasta Neil LaBute. Y así fue como la lista de cosas que podían salir mal se multiplicó exponencialmente. Según defendió Cage, junto a LaBute, lo que buscaban hacer era una comedia negra que retorciera el guion original de Anthony Shaffer. Darle un giro a aquella obra setentera de inquietante folk horror y desbordante sexualidad. El resultado fue una cinta plomiza que nunca sabe encontrar su nicho. Un metraje que deambula al mismo son que lo hace el personaje principal de Cage. Su Edward Malus corre por la aldea sin mucho más que hacer que perder los nervios buscando a una niña que solo él tiene verdadero interés en encontrar. Va tan acelerado que ni tan siquiera presta atención a los detalles clave.

Por supuesto, y teniendo en cuenta lo ya comentado, ‘Wicker Man’ fue un fracaso tremebundo a todos los niveles. Hablamos de 40 millones de dólares de inversión. Y en la pantalla se habrán invertido, como máximo, 15. Sobre todo, sabiendo que el caché de Cage, en aquellos tiempos, no bajaba de los 25 “kilos”. Para dar luz verde al film acabaron por asociarse, a nivel mayoritario, Millennium Films, Saturn Films (la productora de Cage) y Warner Bros. Esta última para su distribución en cines. Al final de su recorrido comercial en salas de todo el mundo tan sólo alcanzó los 38 millones de dólares.
Hay remakes que no tienen sentido por mucho que las obras originales fueran imperfectas. Si no puedes replicar su atmósfera, si no vas a rellenar los huecos que aquella no podía o supo cerrar, si tu aportación no mejora lo ya realizado… entonces es mejor dejarlo estar. A cualquiera que haya visto ‘El hombre de mimbre’ y se le ponga delante la versión de Cage, sentirá casi cómo sus ojos sangran. Especialmente tras comprobar cómo se destroza una idea ante sus pupilas. Y eso es, ni más ni menos, es lo que pasa al comparar una con otra. Todo lo que en el film de Hardy era incómodo, inquietante, atmosférico, extremo y arriesgado… en la versión de LaBute y Cage cae en el escarnio, la superficialidad, el cliché, el susto barato y la brocha gorda.
Al hilo de lo anterior, es cierto que se respetan muchos de los diálogos de la original, pero estos se reinterpretan en un contexto que no ayuda a que sean entendidos. El protagonista es el personaje que más y peor ha cambiado de una versión a otra. Pasamos de un agente de la ley decidido a hacer su trabajo, y que asiste con total consternación al libertinaje que abunda en la isla, a un patrullero con los recuerdos borrosos en torno a un accidente que lo apartó del servicio. Además, y de forma altamente inexplicable, decide en su tiempo libre acudir a una isla remota para ayudar a una antigua amante de la que no sabe nada desde hace años.

En el tono hay más comedia involuntaria que la supuesta comedia negra de la que Cage aseguraba ser totalmente consciente durante la producción. Por el camino, la trama y su desencadenante se van volviendo a cada paso más retorcidamente imposibles. Así hasta llegar a un desenlace que da la impresión de ser un final descartado e impuesto por los productores ante el horror del cierre ideado. Este punto cobra más sentido cuando asistimos a la secuencia inmediata a los créditos… También el peso del folk-horror es borrado en pos de una cinta genérica de desapariciones. Se aniquila prácticamente cualquier cuestionamiento sobre la religión y se pone el foco en la civilización moderna y en la inversión que la aldea propone. Un lugar donde el hombre ocupa el segundo puesto en importancia por detrás de la mujer. Mujeres hermanadas que dominan el lugar mediante un matriarcado.
En la fotografía, firmada por Paul Sarossy, parece apostarse por un cuento de los hermanos Grimm torpemente sobreiluminado. Y esto no hace más que darle un empaque de farsa al conjunto. En el apartado musical, la banda sonora es obra de un Angelo Badalamenti cuya labor se queda también en un intento fallido.

En el reparto, la película prácticamente es Nicolas Cage contra las “hermanas”. Más allá de sus momentos de furia (bastante controlada) y quitando las partes más desatadas del clímax, Cage/Malus interroga a las oriundas, busca la lógica en la desaparición de Rowan y recorre en bicicleta el escarpado paraje de Summersisle. Y todo mientras intenta evitar que las abejas le piquen… Al final, la construcción de su personaje es la de una marioneta movida por hilos que desconoce hacia un desenlace tan inenarrable como absurdo. En todo ese circo, Cage intenta aportar seriedad y empaque dramático, pero falla por culpa de un planteamiento ridículo.
En lo que concierne al resto de intérpretes, cabe destacar la sobriedad de Ellen Burstyn. La veterana actriz sustituye el extremismo daliniano de Christopher Lee en la obra de Hardy. Kate Beahan cumple como Willow, la hermana rebelde que huyó por amor y volvió al redil arrepentida… para, nuevamente, acudir al exterior en busca de ayuda. Por su parte, Leelee Sobieski (Hermana Honey) aparece en un rol recurrente de su filmografía, aparentando una cosa para luego ser otra. También encontramos a la pequeña Erika Shaye-Gair como la desaparecida Rowan. Y, en el otro papel con peso para un hombre dentro de la historia, podremos ver a Michael Wiseman como Pete, el jefe de Edward en la policía. Por último, las apariciones de James Franco y Jason Ritter quedan en puros cameos cuya relevancia conlleva destripes de la trama que no desvelaremos.
“¡Preparad al zángano!” (Hermana Summersisle)

En resumidas cuentas.
Acabo esta crítica de Wicker Man, un estrepitoso fracaso en todos los sentidos. No se puede aprobar aun siendo el mayor fan de Nicolas Cage sobre la faz de la Tierra. Pierde todavía más si se atreve a ser comparada, aunque sea mínimamente, con el film de 1973. En definitiva, una lastimosa doble labor de Neil LaBute, quien enterró aquí y para siempre cualquier atisbo de llegar a ser un director a tener en cuenta.
Tráiler de Wicker Man
Si se toma el film como una especie de versión a lo ‘Scary Movie’ de la obra de Hardy/Shaffer (la cual ya de por sí era imperfecta y se prestaba a ello), entonces las risas pueden llegar a hacer creer que la película no es tan mala.
Todo está tan torpemente reescrito que los diálogos del original, plenos de trasfondo, aquí se convierten en un puro chiste. En cuanto se llega al desenlace, el guion se cae por completo como un castillo de naipes. La dedicatoria a la memoria de Johnny Ramone, sin duda, carece por completo de sentido una vez que se visiona la cinta al completo. La sucesión de sinsentidos en la trama que tiran por tierra cualquier intento de honrar la obra original.






