El sustituto

📄 SINOPSIS:
John Shale es un soldado de fortuna que trabaja para el gobierno de EEUU. Tras una misión encubierta en Cuba, que no sale como estaba prevista, su escuadrón queda desactivado. Entonces, Shale vuelve a casa, a Miami, para descubrir que su novia, Jane, está siendo amenazada por una banda del Instituto donde imparte clases. Cuando Jane sea atacada, y ante la imposibilidad de encontrar un suplente para su baja, el propio Shale se hará pasar por profesor sustituto. (Cineycine).
“Yo estoy al mando en esta clase. Soy el guerrero jefe. Soy el Dios despiadado sobre cualquier cosa que se mueva en mi universo. ¡Jódanme y sufriréis mi colera! ¿Os ha quedado claro?” Tom Berenger pasa lista y no soporta a los que se pasan de listos en… ‘El sustituto’.
“¿Has leído la definición de mercenario? Es alguien que solamente trabaja por dinero. No es el dinero lo que me preocupa, es él solamente” (Shale)

Crítica de El sustituto
A nivel comercial, hay dos films claves en la filmografía de Robert Mandel. Me refiero a la ochentera ‘F/X, efectos mortales’ (1986) y a la cinta que hoy nos ocupa: ‘El sustituto’. Por otra parte, su protagonista, Tom Berenger, fue uno más de los damnificados por el fracaso de taquilla, y durísimo varapalo de crítica, que supuso ‘Acosada’ (Philip Noyce, 1993). Ya en 1996, cuando se estrenó ‘El sustituto’, Berenger estaba bastante lejos del nivel de popularidad y estrellato del que gozó en los ochenta y principios de los noventa. Por entonces comenzaba a encarar una nueva vida como emblema del videoclub y la televisión.
Todo lo anterior sirve de introducción para entender un poco la fama del film que hoy reseñamos. Una producción mitificada por su calado en los estantes de los extintos videoclubs y por sus pases en televisión. Porque realmente su exhibición en las salas de cine fue discreto. En cierta forma, el calado de ‘El sustituto’ también vino del boom que el año anterior había supuesto ‘Mentes peligrosas’ (John N. Smith, 1995) para el subgénero del cine de Institutos conflictivos. Incluso, sí se quieren buscar guiños, no hay más que ver el apodo que usa Shale para infiltrarse como profesor sustituto ¡Es el mismo que el nombre del director de aquella!

En realidad, las películas de colegios e institutos en guerra no eran nada nuevo. Fue un tipo de cine que funcionó con diversas variantes en los años ochenta. Pero ya un par de décadas antes había nacido, muy posiblemente, la madre de todas ellas, ‘Rebelión en las aulas’ (James Clavell, 1967). Aunque, con el paso de los años, se fue insertando en este subgénero el añadido de que, para impartir justicia en esas aulas, ya no valían solo los libros de texto… sino la disciplina militar. Esta última sería el gran añadido de los exploitations noventeros. Y, posteriormente, luego la base de las secuelas que siguieron a esta cinta original de 1996 que hoy reseñamos.
La labor de Mandel como director en ‘El sustituto’ resulta bastante adecuada. Mandel nos ofrece dos películas en una. Por una banda, la que sucede en el instituto con los trapicheos que allí se dan. Y, por otra, la que une la historia de los soldados a las órdenes de Shale. Ambas historias acaban fusionándose en un imposible, pirotécnico y desatado clímax nocturno. Allí el film deja de lado toda lógica argumental y se lanza de lleno al terreno del actioner. Eso sí, sustituyendo las junglas de la guerra por los pasillos, las aulas y las salas de calderas del citado instituto. Entre medias si que es evidente un pequeño bajón hasta llegar a dicho clímax. Y es que la trama no da para llevar al largometraje más cerca de las dos horas que de una duración más ajustada de noventa minutos.

Hablando de la trama… la misma la firman hasta tres escribanos. Y realmente son muchos viendo que la premisa argumental cabe en una servilleta. Tan solo las durezas pueden tener algo de complicación. De largo, el más conocido y, probablemente, el que más peso tuvo en el script fue Alan Ormsby. El libreto toca diferentes temas como: las malas influencias, el miedo, las bandas callejeras, la inmigración, la lealtad militar y la corrupción moral. Se incorporan además críticas nada disimuladas a varios estamentos como la propia dirección de los centros de educación, el destino del soldado una vez es relegado de su trabajo y el camino del mismo de soldado a mercenario.
No esperen mensajes reconfortantes o alentadores sobre todo lo anterior. Aquí estamos para pasar el rato, presentar el conflicto, poner en medio de un embrollo al duro protagonista y ver como ese mismo protagonista finiquita y pone firmes a los delincuentes y facinerosos. No hay más, y lo que hay, no es poco.
Por su parte, la ambientación gana enteros por dos factores claves. Se rodó durante parte del verano en un instituto de verdad en Miami. Fue un rodaje realizado por las tardes y con los alumnos que iban a recuperación como extras. Y ese mismo ambiente veraniego, que traspasa la pantalla con el calor y el sudor en los protagonistas, avanza la caldera en la que acabará por convertirse el Instituto Columbus. En lo que es la fotografía, ojo al nombre de todo un mito de Hollywood como era el ya veterano Bruce Surtees. Este fue su penúltimo crédito para cines en dichas labores. Y, por su parte, la música la firmaría Gary Chang, un currante de los noventa que solía trabajar mucho en el thriller y el cine de acción, siempre con fanfarrias como mínimo cumplidoras.

Entrando en el casting ya había muchos nombres con peso en el año de su rodaje. Aunque no todos luzcan como debieran. Quién prácticamente está en todos los planos del film, como rey de la función, es un sobrio Tom Berenger (Shale/Smith). El duro intérprete va creciendo con el metraje y se le nota muy cómodo, sobre todo cuando debe soltar firmezas lingüísticas o físicas. Este fue uno de sus mejores papeles en los noventa, sin duda. Diane Venora es su novia en la ficción, la maestra Jane, que no logra mantener a raya a los alumnos más conflictivos. El ataque que sufrirá haciendo footing dará pie a la trama. Buena labor la suya interpretando a una mujer preocupada e inquieta. Además destaca su creíble química con Berenger.
Al margen de Berenger y Venora también encontramos a Ernie Hudson encarnando a Rollé, el director del Columbus. No solo es la ley incontestable en el Instituto, sino que además tiene aspiraciones a concejal. Ojo a su pose de tipo duro y sus careos con el recién llegado Smith. Por su parte, Marc Anthony, cantante y actor, encarna a Juan Lacas, un maleante malencarado y chulesco al que le gusta mucho hacer peinetas y hacerse el duro con los más débiles… También está a bordo Glenn Plummer como Sherman, un rol siempre reconocible por sus perpetuas rastas y personajes de buen rollo.
Del escuadrón de soldados de Shale, y de mayor a menor importancia, tenemos a William Forsythe desatado desde el minuto uno como Holland, el típico tipo duro con más pelotas que cerebro. Raymond Cruz es Six, el conseguidor del pelotón que pone a Shale en contacto con tipos importantes. Luis Guzmán es Rem, un anticastrista que hace lo que le mandan. Y Richard Brooks encarna a Wellman, el típico soldado leal que no debe faltar en todo grupo de tipos duros. Por último encontramos a Willis Sparks como un mercenario encantado de conocerse que se publicita con una cinta de video plagada de sus supuestas hazañas.
“Ya no da clases de historia, Smith. Usted es historia” (Rolle)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de El sustituto, una de esas cintas noventeras que hoy serían imposibles de replicar. Drama, acción, lecciones de vida, soldados asaltando institutos y alumnos traficando con más cocaína que muchos señores de la droga. Y todo ello puesto al servicio del entretenimiento clásico con más dureza que sentido común. Un protagonista con carisma, un enclave al rojo vivo y una misión para reponer el orden. Si a ‘Mentes peligrosas’ le faltaba acción, y le sobraba moralina, no lo duden y vean este film.
Tráiler de El sustituto
Tom Berenger, un actor que, con su sola presencia y sin hacer mucho, resultaba creíble siempre... a menos de que se saliera del molde asignado. La ambientación derruida en Miami, una postal californiana amenazada por agentes externos. La colección de firmezas. Su clímax descerebrado.
Cuesta creer que el villano tuviera el chiringuito tan bien montado y nadie sospechara de él. Marc Anthony no lo hace mal, pero no es una amenaza para nadie. El toque de humor pedorro del ricachón que busca reclutar mercenarios.






