La última fortaleza

📄 SINOPSIS:
El veterano general Irwin, un respetado héroe de guerra condecorado, es enviado a un penal militar tras ser sometido a un consejo de guerra por desobedecer una orden directa. Allí se encuentra con el coronel Winter, el alcaide del centro, quien gobierna a los reclusos mediante el abuso de poder, el miedo y la humillación constantes. A medida que Irwin se gana el respeto, y la lealtad de los prisioneros, decide organizar una insurrección interna para arrebatarle el control de “la fortaleza”. (Cineycine).
“Observad un castillo, uno cualquiera. Y estudiad los elementos claves que hacen de él una fortaleza. Comprobaréis que no han cambiado en mil años. La situación, las defensas, los muros. La guarnición: un puñado de hombres entrenados para matar. La bandera: hay que decirles a sus defensores “está es nuestra bandera y nadie debe apoderarse de ella”. Se iza en lo alto de un mástil donde todos puedan verla. Y ahora ya tenéis una fortaleza”. Robert Redford y James Gandolfini son dos hombres enfrentados en ‘La última fortaleza’.
“¿Qué espera usted de su estancia en la fortaleza?” (General Winter)

Crítica de La última fortaleza
Con ineludibles ecos a su carrera, y a films importantes de su pasado, Robert Redford protagonizó, a principios de los 2000, la película que hoy nos ocupa. En lo concerniente a su trayectoria, Redford ya era una leyenda indiscutible del séptimo arte y una figura altamente respetada por su activismo. Encarar un rol como el del general Irwin (una leyenda militar que, en sus propias palabras, no supo retirarse a tiempo por el peso del liderazgo que todos le presuponían) era un papel que guardaba importantes similitudes con su propia carrera. Y esto fue algo que logró despertar en el actor los suficientes estímulos como para no dudar en aceptarlo. Por parte de influencia de sus cintas pasadas, sin duda, ‘Brubaker’ (Stuart Rosenberg, 1980) recuerda, inevitablemente, a ‘La última fortaleza’.
Una vez puesto todo en marcha, y con Redford asegurado en el rol protagonista, la producción de Robert Lawrence, con el apoyo de DreamWorks, eligió como director a Rod Lurie. En ese momento, Lurie tenía muy poco bagaje a sus espaldas y ningún éxito como aval. Apenas aportaba un historial de dos películas muy poco conocidas. Pero sí que sabía, de primera mano, cómo hilar intrigas políticas y palaciegas. Y, en gran parte, ese background fue lo que posibilitó su contratación. Con su trabajo aquí, y sus obras posteriores, seguiría bastante ligado a temáticas similares. Aunque no lograría, en ningún momento de su carrera, un éxito indiscutible en su filmografía.

‘La última fortaleza’ se rodó en una prisión-fortaleza real en Nashville (Tennessee) con 70 millones de presupuesto. Su paso por cines fue un severo e injusto fiasco… no llegando ni tan siquiera a los 30 millones a nivel mundial. Más allá de los números, el fracaso de la propuesta pudo obedecer a muchos factores externos. Uno de ellos sería su estreno no mucho tiempo después del enorme shock mundial que supuso el 11S. Es más, el compositor de la banda sonora, Jerry Goldsmith, la bautizó en honor a dicho instante de esa manera, 11 de septiembre, ya que acabó la producción de la misma ese mismo día. Su banda sonora clava absolutamente el tono del conjunto de manera ejemplar.
La estrategia fundamental de Rod Lurie era crear un paralelismo entre los actores y los propios reclusos. Trataba de que todos, a excepción de los más versados Gandolfini y Lindo, sintieran que la llegada de Irwin/Redford era su momento de la verdad. Por eso buscó actores de televisión o emergentes para esos papeles. Esta jugada, sin duda, hace que el film gane enteros y alza la figura de liderazgo de Irwin/Redford en un penal con más de mil reclusos que han perdido la fe. Presos que viven sometidos a la tiranía del alcaide y que han dejado de creer que un día atrás fueron soldados.
La fotografía de Shelly Johnson saca todo el partido posible a la prisión real que se usó en la producción. Fue la misma que vimos en ‘La milla verde’ (Frank Darabont, 1999). Claramente aporta una pátina extra de realidad sobre la dura vida en ella: la muralla en mitad del patio, las torres vigiladas por agentes armados con balas de goma y la oficina con la cristalera desde donde Winter observa permanentemente.

El libreto fue obra de David Scarpa, pero contó con severas modificaciones por parte de Graham Yost. Las mismas tenían la intención de volcar la trama hacia un tono más comercial. En cualquier caso, la historia nos habla del liderazgo, la vida militar bien y mal entendida, la presión del puesto de mando, el exceso de celo y la fuerza, la caída en desgracia, el alzamiento y, sobre todo, trata del espíritu y la voluntad de aprender a vivir con los errores.
El guión simboliza muy bien los trazos y semillas que quiere plantar en la nula experiencia sobre el terreno de Winter. Un coronel que nunca entró en batalla y glorifica elementos de guerra. Esto contrasta con la visión pesimista y cruda de Irwin. En su caso, vio en multitud de ocasiones la verdadera cara de la guerra… y cómo las armas que Winter vanagloria solo sirvieron para crear sufrimiento. Todas estas aristas engrandecen el conflicto entre Irwin y Winter. Además muestran cómo se va cociendo a fuego lento la inevitable rebelión por los métodos extralimitados del segundo para con sus reclusos. En los desencadenantes de la acción, concentrada en su clímax, cabe alabar la enorme secuencia de Irwin y el castigo de las piedras. En dicho castigo, Redford, ayudado por el montaje, crea un momento sensacional de alzamiento sobre lo que significa ser un hombre de honor.

El reparto lo encabezan Robert Redford y James Gandolfini como el general Irwin y el coronel Winter. Ambos actúan según un rango muy claro y diferenciado. Redford destila un carisma que es palpable desde que aparece… incluso el mismo personaje carga con ese don en la sangre del líder. Su propia historia, siguiendo las reglas de honor que marcaron su vida militar y lastraron su vida familiar, lo han llevado ahora hasta “la fortaleza”. Excelente labor protagonista de Redford. Un trabajo de esos que solo pueden calificarse de intachables. Por su parte, Gandolfini también está intachable plagando de tics y de una pose insegura a su personaje de Winter, un alto mando que somete a sus subordinados con el uso excesivo de la fuerza, como si todo para él fuera una partida de ajedrez (un símil bien explotado visualmente en el film).
En el elenco de secundarios destaca Mark Ruffalo como Yates, un tahúr de familia militar que nunca creyó en ese tipo de vida impuesta por su padre. Aunque cae en el cliché, Ruffalo hace su personaje menos tópico de lo previsible y logra que creamos sus posicionamientos. Clifton Collins Jr. es Aguilar, un marginado en la vida exterior y también ahora en la prisión. Brian Goodman es Beaupre, una mole humana que se erige como un tipo duro que no se deja impresionar por el historial de Irwin. También hay papeles de importancia para Paul Calderon y Steve Burton como la mano derecha del general Winter. Por su parte, Delroy Lindo es un alto mando exterior que acude a la fortaleza para verificar que todo está bien. Y, finalmente, cierra el cast Robin Wright en un cameo sin acreditar como la hija del general Irwin.
“No es su muralla. Es la vuestra” (Irwin)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de La última fortaleza, una hábil, entretenida y sentida propuesta con un gran duelo de caracteres entre sus dos protagonistas. Está lo suficientemente alejada de ‘Brubaker’ para no ser considerada un reinicio de aquella. Además poseía su propio poder para hacerla un referente. Sin embargo, el fracaso en taquilla terminó lastrándola. Pero, con el tiempo, ha ido saliendo del molde asignado de “americanada patriótica” para ser elevada como el notable drama militar que siempre fue.
Tráiler de La última fortaleza
Las dos caras que ejemplifican Redford y Gandolfini. El cómo se va gestando la rebelión dentro de la fortaleza. Su final, con una carga lírica tremenda.
Hay momentos dentro del clímax en los que la cinta se lanza al artificio de forma algo exagerada. Que el coronel Winter no supiera detectar una catapulta a tiempo cuando la tiene delante de sus ojos durante varios minutos.






