El buscavidas

GÉNERO: Drama
DIRECTOR: Robert Rossen
TÍTULO ORIGINAL: The Hustler
PAÍS: EE.UU.
AÑO: 1961
DURACIÓN: 134 minutos
GUIÓN: Robert Rossen y Sidney Carroll sobre la novela de Walter Tevis
FOTOGRAFÍA: Eugen Schüfftan (Imágenes 20th Century Fox)
MÚSICA: Kenyon Hopkins

📄 SINOPSIS:

Eddie Felson, un joven y arrogante jugador de billar apodado “El Rápido”, recorre el país junto a su socio. Su plan es retar a los mejores con un único objetivo: llegar a derrotar al legendario “Gordo” de Minnesota. Tras una extenuante partida, la soberbia y falta de carácter de Eddie lo hunden en la ruina frente al veterano campeón. Destruido, y sin dinero, Felson encuentra refugio en Sarah, una solitaria mujer alcohólica con la que inicia una tormentosa relación. Al mismo tiempo cae bajo la influencia de Bert Gordon, un mánager que se ofrece a financiarlo a cambio del setenta y cinco por ciento de sus ganancias. (Cineycine).

“Eddie, ¿Puedo hacerte una observación personal? Has nacido para perder. Por primera vez en diez años vi al Gordo de Minnesota hundido, acorralado. Pero lo dejaste escapar. Claro… te emborrachaste. Tenías el mejor pretexto del mundo para perder. No importa perder con una buena excusa, pero ganar resulta como una carga. Pesa mucho. Es uno de los mejores deportes: sentir compasión por uno mismo. Un deporte que gusta a todos… especialmente a los fracasados”. Robert Rossen presenta a Paul Newman interpretando a ‘El buscavidas’.

“Gordo, te desafío a jugar conmigo” (Eddie Felson)

Crítica de El buscavidas

En 1961, Robert Rossen dirigió la película que hoy nos ocupa y que lo llevó directo a la inmortalidad. Algo que él mismo sabía cuando apostó por poner su nombre casi al mismo nivel que el del título del film, en los créditos iniciales. Conviene aclarar que Rossen fue señalado durante los años cincuenta en la lista negra por la caza de brujas iniciada por el Comité de Actividades Antiestadounidenses. Volver a comienzos de los años sesenta, y hacerlo firmando un largometraje de peso, fue toda una declaración de intenciones por su parte.

‘El buscavidas’ (The Hustler, en su título original), contó con un presupuesto de algo más de 2 millones de dólares. El rodaje tuvo lugar casi por entero en Nueva York, salvo por unas secuencias en un plató en Los Ángeles. La filmación se extendió desde marzo a junio de 1961. Y todo culminó con una postproducción ciertamente veloz que hizo posible su estreno en salas de EEUU el 25 de septiembre de 1961. Como muchos saben, 25 años después de su lanzamiento, Martin Scorsese rodó una excelente continuación de lo aquí narrado. Me refiero a ‘El color del dinero’ (1986). En la misma, Paul Newman retomaba su el papel de Eddie ‘El rápido’, aka Relámpago Felson. Y se añadía como joven talento a Tom Cruise.

Para el guion, el propio Rossen adaptó la novela junto a Sidney Carroll. Ambos la adaptaron desde el manuscrito original publicado en 1959 por Walter Tevis. La trama toca temáticas como el endurecimiento del carácter, los corazones solitarios, el límite de la avaricia, el juego como forma de vida, las consecuencias que dejan en los menos favorecidos la sombra de los poderosos, la imagen icónica de un ganador y la fuerza arrolladora de quién no tiene nada y se ve con todo… y viceversa. Todos estos temas se engloban dentro del cine de perdedores, trúhanes y fulleros… tal y como el propio film califica a los tipos como Eddie Felson. Individuos que, con el billar como excusa y una falsa camaradería, se sirven a su manera de otros más incautos para su propio beneficio. Esto culmina para Eddie en su encuentro con la figura de Bert Gordon.

Donde más se detiene argumental e interpretativamente la pieza es, por un lado, en el billar, el ambiente de los bares, el juego como forma de vida y el alcohol como consecuente inevitable de esa misma forma de vivir. Y, por el otro, en el influjo de los más poderosos, o de las figuras icónicas e inalcanzables, que buscan ser derribados. Lo hace primero, nuevamente, volviendo al personaje de Bert, un tipo que maneja a todos por dinero e influencia. Y, por otra banda, con “El Gordo” de Minnesota, un sujeto que ejemplariza todo lo que no es Eddie y ese mito que quiere derribar. Por el camino quedan las almas en pena… aquellos débiles que no pueden aceptar el peaje de vivir así. Estos últimos ejemplarizados en el rol absolutamente necesario para el film que encarna Piper Laurie.

Sentarse a ver ‘El buscavidas’, más de sesenta años después de su estreno, sigue siendo una experiencia de primer nivel. Algo que diferencia con amplia claridad las buenas de las grandes películas. Ayuda, y mucho, una fotografía imprescindible en blanco y negro firmada por Eugen Schüfftan. Hablamos de una ineludible figura procedente del cine expresionista alemán. No podemos olvidar que tuvo un papel clave en el film fundacional ‘Metrópolis’ (Fritz Lang, 1927) como diseñador de efectos visuales. Su trabajo en ‘El buscavidas’ resulta ejemplarizante. Shüfftan hace que solo el blanco y negro tenga sentido para este film. Por su parte, la música, opuesta al estilo que luego Scorsese usaría en la secuela, se mueve al son de la batuta de Kenyon Hopkins, un habitual colaborador de Sidney Lumet en sus primeros años en Hollywood.

Pero una obra como la que nos ocupa, sin unos actores a la altura, nunca hubiera llegado al nivel de clásico de oro. Y aquí los actores rinden a un nivel superlativo. Se llevan la palma unos excelsos Paul Newman, Jackie Gleason y George C. Scott. Estamos ante un trío de altos quilates que eleva la propuesta en cada visionado con sus respectivos papeles. Los tres llevan a la cinta al término de pieza maestra de orfebrería totalmente fiel a sí misma en su devenir y en el crecimiento de su personaje principal, a cargo del ya citado, monumental, Paul Newman.

El Eddie Felson de Newman entra en el top de grandes creaciones de tan importante mito del cine. El personaje se va alzando delante de nosotros tras superar una serie de tics totalmente deudores del estilo de Marlon Brando en films emblemáticos y anteriores del astro. Newman le da a Eddie su propio sello según avanzan los minutos. Y, finalmente, acaba por atraparnos en una interpretación plena de detalles que marcaría, irremediablemente, su filmografía. Eddie gana enteros cuando, una vez presentado el personaje de Piper Laurie (Sarah), se define la confrontación con el de George C. Scott. Sarah es una joven alcohólica y solitaria que posee un alma artística que no consigue salir a la superficie enterrándola en una especie de estado melancólico. Es un papel clave por lo que representa y por cómo le afecta la entrada y salida de otros personajes en su vida.

George C. Scott fue otro actor que puso su nombre en el disparadero con su actuación aquí. Comienza como un espectro acechante, alguien silencioso sentado al fondo, que observa al resto y actúa maquiavélicamente para sacar provecho… tratando a todos como una transición. Cuando le toca hablar, Scott eleva notablemente un ya de por sí magníficamente dibujado papel. Sin duda, una interpretación para el recuerdo. Queda para rematar el cuarteto protagonista de peso “El Gordo” de Minnesota. Este campeón del tapete va a cargo de un genial Jackie Gleason. El actor, con su sola presencia física, vende totalmente esa figura de intocable e imbatible. Por último, y como curiosidad, no se pierdan a Jake LaMotta, mítico boxeador y comediante, como el barman de confianza de Sarah en el bar.

“La partida terminará cuando lo diga ‘El Gordo’… He venido por él y no pienso soltarle. Le acompañaré hasta el final. Puedo más que él, amigo. Le he ganado toda la noche y le ganaré todo el día” (Eddie Felson)

En resumidas cuentas.
Acabo esta crítica de El buscavidas, una emblemática obra de perdedores que logró alzar el nombre de su director a la posteridad cinematográfica al mismo tiempo que dibujaba un halo de inmortalidad para Paul Newman, Jackie Gleason y George C. Scott. Para Newman y Scott posibilitó una carrera en la actuación longeva y plena de grandes films. En definitiva, esta película es para el billar lo que ‘Rocky’ para el boxeo.

Tráiler de El buscavidas

+ Lo mejor:

Tomar los elementos que rodean al billar, y la forma de vida que se da por entendida en ese mundo, para crear una brutal historia sobre la realidad. El tridente mágico protagonista. Apenas hay tres secuencias de billar en más de dos horas de película, pero cada una supera a la anterior y lanza una lección magistral.

- Lo peor:

Fue un film tan adelantado a su tiempo y arriesgado en sus tramas que acabó siendo censurado en momentos que debían ser claves en 1961… y, el hecho de que, aun así, lograra un calado inmediato habla muy a las claras del enorme valor que reside en ella.

Puntuación de Cineycine

DIRECCIÓN
9
GUIÓN
8
REPARTO
9
8.6

J. Glez

Crítico de cine especializado en análisis cinematográfico y reseñas detalladas de películas.

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