La isla del Dr. Moreau

DIRECTOR: John Frankenheimer
TÍTULO ORIGINAL: The Island of Dr. Moreau
PAÍS: EE.UU.
AÑO: 1996
DURACIÓN: 96 minutos
GUIÓN: Ron Hutchinson y Richard Stanley sobre la novela de H.G. Wells
FOTOGRAFÍA: William A. Fraker (Imágenes New Line Cinema)
MÚSICA: Gary Chang

📄 SINOPSIS:

Año 2010. La mano derecha de un científico exiliado en una isla del Pacífico recoge en alta mar a Douglas, un náufrago que viajaba en avión junto a dos hombres y que quedó a la deriva en un bote salvavidas cuando su aeronave se estrelló. Los otros dos supervivientes se mataron entre ellos por la última cantimplora de agua. Douglas acaba en la citada isla del científico con la promesa de pedir ayuda para devolverlo a la civilización. Sin embargo, pronto averigua que allí están jugando a ser dioses al mezclar el ADN de animales con el de humanos. (Cineycine).

“La ley es no andar a cuatro patas. No comer carne, ni pescado. No derramar sangre ¡Esa es la ley! Los infractores serán castigados. El camino es duro. Duro para el hombre. Antes o después todos deseamos algo prohibido. Beber sorbiendo el agua del riachuelo, rugir en lugar de decir las palabras, olfatear la tierra,… No son cosas que deben hacer los hombres. Somos hombres. ¿No es así? Somos hombres porque el padre nos ha hecho hombres”. John Frankenheimer nos invita a visitar ‘La isla del Dr. Moreau’.

“No hay forma de salir de la isla. Acepte ese hecho” (Montgomery)

Crítica de La isla del Dr. Moreau

Con el film que hoy nos ocupa, estamos ante una de esas películas cuyo convulso rodaje selló irremediablemente su destino en taquilla. Amén de lastrar las amplias posibilidades artísticas a las que aspiraba la obra. New Line Cinema le dio al prometedor director Richard Stanley un holgado presupuesto de 40 millones de dólares. El pack incluía un rodaje en escenarios reales de Australia y la posibilidad de firmar el guión y dirigir a un mito como Marlon Brando junto a la estrella emergente de 1995, Val Kilmer.

Sin embargo, Stanley duró en el puesto cuatro días. Más bien cuarenta y ocho horas… ya que fue despedido al término del segundo día. En ese momento ya llevaba un retraso en la filmación de casi una semana. Esto se debió a que se pasó los dos primeros días del calendario intentando perfeccionar un solo plano en mar abierto. Stanley no pudo ser notificado de su despido hasta el cuarto día al encontrarse en paradero desconocido. Es más, una vez que resultó fulminado, permaneció sin dar señales de vida. En su lugar se contactó a Philip Kaufman, que rechazó el encargo. Finalmente fue el veterano John Frankenheimer quien aceptó un beneficioso cheque por acudir al rescate de la producción y poner orden en el set. Esto último fue algo que solo conseguiría a medias.

‘La isla del Dr. Moreau’ conservó el guión escrito por el citado Richard Stanley con añadidos ya en la producción por parte de Ron Hutchinson. El film adaptaba la novela clásica de ciencia ficción del brillante H.G. Wells. La cinta finalmente firmada por Frankenheimer era una nueva versión tras el intento homónimo de Don Taylor en 1977 con Burt Lancaster como el doctor del título. El libreto a cuatro manos de Stanley y Hutchinson buscaba equilibrar la balanza entre la visión negra y sexualizada del primero, y el concepto de ciencia ficción moderna en ambiente tropical y de científico enloquecido del segundo. Esto último iba algo más en la línea de Frankenheimer. Además, los añadidos de Hutchinson iban destinados a moldear determinadas secuencias bajo las peticiones de Marlon Brando. El mito tenía poder de decisión al mismo nivel que el director asignado sobre las intervenciones argumentales.

El film empieza con una declaración de intenciones desde sus títulos de crédito totalmente ambientales. Su ritmo no decae en todo su ajustado metraje de menos de 100 minutos y la base de la novela de Wells se respeta en gran parte. Eso sí, siempre con los consabidos añadidos cinematográficos. Su mezcla de ciencia ficción, distopía sobre un científico enloquecido, el alegato acerca del salvajismo implícito y el adquirido, el debate de fondo sobre los límites de la medicina y el consabido complejo de Dios logran salir a flote entre el caos que siempre se le asignó como evento global. También las subtramas sobre la sumisión, el hombre que se cree un Dios y la imposibilidad de domesticar al animal funcionan. Pero, a nivel global, todo acaba por quedarse a medias.

Todo el trabajo de prótesis de Stan Winston es realmente destacado, así como también encaja bastante bien la elección de las diferentes especies y sus mutaciones. Es más, si obviamos los horripilantes insertos de animación por ordenador 3D, para replicar algunos felinos saltando, ‘La isla del Dr. Moreau’ posee una calidad de acabado visual bastante interesante. La fotografía y diseño de producción dan la impresión de producción de nivel. El presupuesto luce en pantalla en lo que tiene que ver con la isla, el refugio de Moreau o las guaridas de los animales en libertad. También la música de Gary Chang es cumplidora y salva bastante una complicada papeleta. Valorando positivamente estos puntos, es difícilmente entendible que la cinta arrastre fama de ser tan mala…

Lo que sí se puede entender que levantara un gran revuelo, y fomentara su fama de maldita y circense, fue el punto de vista adoptado por Brando y respetado por Stanley primero… y Frankenheimer después. Marlon Brando decidió dar vida a una versión inenarrable de portavoz de Dios en la Tierra al estilo de un Papa paródico, con papamóvil y personaje de baja estatura a juego. Brando entrega este esperpento como su Dr. Moreau. Se aleja así de la recreación buscada de una especie de versión 2.0 del Coronel Kurtz. Esto último fue algo que se dejó entrever en los primeros borradores del libreto.

A lo anterior se le suma la nula dinámica entre Brando y Val Kilmer. Jefe y ayudante apenas tienen una escena conjunta. Se trata de una secuencia realmente muy fugaz que no consigue hacernos creer su conexión para ser una especie de socios en los experimentos de la isla. No se trata ya de que Brando adopte el tono caricaturesco, sino de que Kilmer va en un film totalmente diferente al resto. Para colmo, y ya en el último acto, parece poseído por el espíritu de Jerry Lewis. Al final acaba saliendo del film sin dejar casi poso y provocando un impacto nulo en el espectador.

Así pues, todo o casi todo quedó en manos de un actor que simbolizaba la antítesis de una estrella protagonista de un film con vocación de evento veraniego: David Thewlis (Douglas). Él es el hombre de cinco dedos que pasa de náufrago al rol de amenaza externa. Thewlis se encarga de cargar con el peso del largometraje al lado de los actores/especialistas que dan vida a las criaturas. Y, también, junto a una esforzada, pero algo perdida, Fairuza Balk (Aissa). El resto del elenco lo completan nombres como Mark Dacascos (Lo-Mai), los inquietantes Temuera Morrison (Azazello) y Daniel Rigney (Hyena-Man), el inclasificable Nelson de la Rosa (Majai) y Ron Perlman como “El que dicta la ley”, una especie de versión consciente y líder de la facción de hombres-animales que no vive en el refugio de Moreau.

“Tenemos que ser lo que somos. No lo que el padre intentó que fuéramos. Caminar sobre dos piernas… es muy duro, tal vez sobre cuatro patas sea mejor ¿Quién sabe?” (El que dicta la ley)

En resumidas cuentas.
Acabo esta crítica de La isla del Dr. Moreau, nunca podremos optar a ver lo que Stanley ambicionaba… por eso nos debemos conformar con lo que Frankenheimer logró sacar del material del que disponía. Y esto es una cinta con espíritu de serie B de ciencia ficción que combina momentos buenos con otros logrados y no pocos fallidos. El resultado es un film que, aunque no daña la vista tanto como se proclamó en su momento, nunca llega a impactar como debería y pretendía.

Tráiler de La isla del Dr. Moreau

+ Lo mejor:

El concepto de Wells llevado aquí a un futuro cercano… el cual prometía una clase de película que luego solo vimos a medias. Tomarse la parodia de Brando como lo que es. A nivel de ambientación y diseño de criaturas, el trabajo del film es muy rescatable… así como las peroratas de “El que dicta la ley” y la llamada a la rebelión de Hyena-Man.

- Lo peor:

Hasta en 1996 se sabía que Brando era un intérprete de vuelta de todo, al que poner en una isla como cabeza de cartel solo podía suponer una invitación al fracaso. Val Kilmer va en una película diferente al resto y ninguna de sus escenas tiene coherencia con la siguiente. Los efectos en 3D de los felinos y de los monos-murciélago del barco son insultantes.

Puntuación de Cineycine

DIRECCIÓN
5
GUIÓN
6
REPARTO
5
5

J. Glez

Crítico de cine especializado en análisis cinematográfico y reseñas detalladas de películas.
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