Fanático (The Fan)

📄 SINOPSIS:
Gil Renard es un vendedor de cuchillos de caza que parece caminar siempre al filo de la navaja. Todo en su vida gira por y para el béisbol. El fichaje estelar de Bobby Rayburn por los Giants, procedente de Atlanta, le insufla una motivación extra para luchar por el título en la temporada que va a comenzar. Pero, muy pronto, Bobby entra en un declive de números que lo hace situarse en el disparadero. Gil como su mayor y más fiel admirador le “ayudará” a salir del bache. (Cineycine).
“Las grandes jugadas al público motivan y recuerdo de niño que era a mí a quién aplaudían. No soy un simple espectador medio. Solía jugar y aún podría hacerlo. Con magia lancé la pelota aquel día y del campo salí a hombros… menuda alegría. Este gran deporte y yo nos hemos fundido. Y mi gran afición a mi hijo he transmitido. Ahora estoy bastante cerca, a un solo paso, de arreglar las cosas y que me hagan caso”. Tony Scott presenta a Robert De Niro y Wesley Snipes enfrentados en ‘Fanático’.
“¿¡Qué más quieres de mí!?” (Bobby Rayburn)

Crítica de Fanático (The Fan)
Tras el éxito de ‘Marea roja’ (1995), Tony Scott quiso repetir la fórmula. Por ello, firmó para dirigir nuevamente un film con una dinámica joven y veterano, negro y blanco, respectivamente. Ambos en confrontación por el mando. Y, ciertamente, hasta ahí caben las similitudes entre ‘Marea roja’ y ‘Fanático’. En esta última, el realizador abraza un tipo de film sin las formalidades del thriller opresivo en un submarino que era la cinta de 1995. ‘Fanático’ busca centrarse en analizar dónde empieza y acaba la adulación y comienza a aparecer la obsesión enfermiza. Ambos estados representados en Gil Rennard. Hablamos de un vendedor de cuchillos de caza que está a punto de desmoronarse mental y emocionalmente. Y todo al perder lo que le agarraba a una vida normal: mujer, hijo y trabajo… al cambiarlo por lo que, realmente, más ama: el béisbol y su jugador favorito: Bobby Rayburn.
La trama de la cinta viene adaptada de una novela homónima firmada por Peter Abrahams y publicada en 1995. Para pasarla al medio cinematográfico se contrató a Phoef Sutton, que también redactó el libreto de ‘Con cariño desde el cielo’ (Richard Benjamin, 1996). Como ninguna fue precisamente un éxito, Sutton acabó dando por finalizada su trayectoria en cines volviendo al medio televisivo. El libreto de Sutton no es para nada un mal trabajo, sobre todo a nivel de estructura. Véase la relación padre-hijo entre Gil y Richie. O la descripción de los submundos de los vestuarios de los equipos y los egos de los jugadores.

El lastre del film radica en su montaje. Se nota bastante que Tony Scott usó los medios de ‘Fanático’ para intentar probar ideas visuales con vistas a perfeccionarlas en otras películas. Por ejemplo en ‘Enemigo público’ (1998). Por consiguiente, el montaje es frenético. Estamos ante una sucesión de planos ultrarrápidos y deliberadamente caóticos. Y esto unido a una mezcla de fotografía degradada que busca penetrar en la mente del protagonista. Recordemos que en la carrera de Scott era muy habitual que jugara con esos aspectos visuales, pasando del formalismo de obras más contenidas a la rompedora y transgresora manera de jugar y estirar el celuloide a niveles sensoriales muy altos. El culmen de todo esto fue ‘Domino’ (2005).
En ‘Fanático’ encaja que combine los dos estilos comentados. El film se mueve entre un thriller de hostigamiento y un drama sobre la caída de dos hombres: uno en barrena emocional y mental, y otro en un declive físico que lo aleja del estrellato. Y en todos cumple. Pero no termina de alzarse en ninguno como una obra para llegar a competir con las mejores películas de Scott. Por otro lado, la temática es ciertamente interesante desde un punto de vista deportivo y todo lo que ello conlleva. Hablamos de temas como la adoración desmedida, la obsesión enfermiza, la no asimilación del fracaso del individuo, la presión mediática y la glorificación del deporte. Todo esto puesto sobre la mesa para completar un blockbuster con vocación de arrasar en taquilla con una inversión de más de 50 millones. Sin embargo, no llegaron a los 20 de recaudación mundial.
La dirección de fotografía en general luce aún hoy a un nivel notable. Sí que es verdad que algunos planos pueden dejar entrever dobles para escenas de riesgo o para jugadas complicadas de béisbol. Pero en lo que atañe al estilo del film, el trabajo de Dariusz Wolski alcanza picos altos. Eso sí, puesto al servicio del espectáculo de Tony Scott, el cual, en no pocas ocasiones, se salta las lógicas de acción o fidelidad para con el béisbol… y todo lo enfoca más en el enfrentamiento entre seguidor y jugador. Por otro lado, la partitura la firma Hans Zimmer. Su banda sonora tiene un peso muy alto de dolor y evocación. Magníficamente usada en el prólogo y en sus minutos finales. Entre medias hay una serie de añadidos de canciones no originales que van desde los Rolling Stones a los Gipsy King.

En el reparto destaca en primer lugar Robert De Niro. El veterano actor repite patrones del Max Cady de ‘El cabo del miedo’ (Martin Scorsese, 1991) filtrado por el inenarrable Robert Pumpkin de ‘El rey de la comedia’ (Martin Scorsese, 1982). De Niro juega, nuevamente, con su dentadura y se adjudica un corte de pelo que podría indicar un pasado militar de Gil. En su favor decir que hace creíble a ese hombre que solo vive por y para el béisbol, siendo su hijo la única ancla con la vida cotidiana. Aún y con todo, y por mucho que él lo propague, no sabe ser padre. Y esto es así porque siempre le nubla su fanatismo por el deporte… algo que queda patente en diferentes secuencias. Al hijo de Gil lo encarna Andrew J. Ferchland en una sentida labor intentando comprender a su progenitor.
A Bobby Rayburn le da vida Wesley Snipes. Hay que decir que a Snipes casi le basta con su pose habitual para sacar adelante el papel. Snipes va en otra película paralela a la de De Niro durante casi todo el metraje. Si bien hay contacto telefónico entre ellos, no se ven hasta la secuencia de la casa en la playa. Su labor es correcta para el trabajo que tenía enfrente. En cuanto a su personaje, Rayburn, es una estrella que ha firmado un contrato millonario, intuimos que el último gran cheque de su carrera… pero no puede con las expectativas, ni tampoco con una hinchada y un vestuario en contra.
En apariciones secundarias encontraremos a Ellen Barkin como Jewel, una implacable periodista deportiva que no va por la vida haciendo amigos. También están John Leguizamo como Manny, una especie de relaciones públicas de Bobby que va entre el alivio cómico y el personaje chulesco latino tipo de las apariciones noventeras de Leguizamo. Por su parte, Benicio Del Toro es Juan Primo, un pateador en ascenso que juega en la misma posición que Bobby y viste el número que este quiere por decreto. Finalmente, citar el complicado rol que asume Patti D`Arbanville encarnando a Ellen Rennard, la exmujer de Gil. Su actuación va desde el pánico absoluto a su presencia hasta la encorajinada confrontación contra él. Para los más avispados queda la aparición de dos planos de un joven, y casi desconocido, Jack Black. Aparece como un encargado de cabina de la radio donde trabaja Jewel.
“Un simple gracias habría estado bien para un compañero que ha hecho un sacrificio” (Gil)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Fanático (The Fan), una cinta que bascula entre lo alimenticio para Scott y el banco de pruebas para proyectos mayores. Una buena e interesante premisa argumental que se sustenta en la in crescendo e insidiosa labor de De Niro, un correcto Snipes y una trama poco visitada dentro del cine de deportes. Un thriller ante todo de entretenimiento al que su vocación de producción importante aleja de un tratamiento más visceral sobre la adulación que cruza la línea y se vuelve mortalmente peligrosa.
Tráiler de Fanático (The Fan)
Realmente, y en un ejercicio de contrición para no llamar a filas a Max Cady, De Niro es el actor que mejor supo captar el tono. La partitura evocadora de Hans Zimmer. Los momentos de Gil con su hijo y la despedida del chaval del film en un plano añadido del clímax. La secuencia del cara a cara entre Gil y Bobby.
Benicio Del Toro queda muy tapado en el film por De Niro y Snipes cuando su personaje debía ser la némesis deportiva que redondeara la ecuación. Hay evidentes cortes entre el primer y segundo acto, que hacen desaparecer a personajes hasta ese momento importantes en la vida de Gil. Todo lo que hace que se desencadene el rescate de Gil al hijo de Bobby resulta altamente forzado.






