El cartero siempre llama dos veces

📄 SINOPSIS:
Frank Chambers es un buscavidas en plena gran depresión que vaga por Estados Unidos buscando oportunidades para vivir con el mínimo esfuerzo. En su camino hacia Los Ángeles acaba en una estación de servicio regentada por un griego y su esposa, una mujer atrapada en una vida que se le queda pequeña. La aparición de Frank dará comienzo a una serie de ambiciones para la pareja que los empujará a llevar a cabo actos totalmente inmorales. (Cineycine).
“¿Ha estado alguna vez en San Francisco? ¿Y en Búfalo? Te salió bien en Búfalo. En Wichita robo a mano armada. En San Louis, juego ilegal. Illinois… asalto a una oficina del ferrocarril. Si fuera yo quién tuviera que juzgarle, lo colgarían… Amigo, la he visto, yo también podría matar por ella. Olvida a la chica, te colgarán por el dinero. 10,000 dólares de seguro de vida cuya única beneficiaria es la esposa”. Jack Nicholson y Jessica Lange son dos ardientes amantes en ‘El cartero siempre llama dos veces’.
“Nos habría encontrado, Frank. Tú no le conoces. Nos habría seguido y, al final, nos habría encontrado” (Cora)

Crítica de El cartero siempre llama dos veces
Después de dos consecutivos, y complicados, rodajes… Jack Nicholson quería reencontrarse con la actuación. Para ello buscaba un film que, aunque mantuviera ciertas ambiciones, le permitiera centrarse solamente en la interpretación más pura. Y, sobre todo, lejos de la exigencia máxima de ser director y protagonista, tal y como hizo en ‘Camino del sur’ (1978), o de rozar la extenuación física y mental como en ‘El resplandor’ (Stanley Kubrick, 1980). Más que menos, así fue como aceptó un sueldo de tres millones de dólares para ser la estrella de una producción de más de trece “kilos”. Nos referimos a ‘El cartero siempre llama dos veces’, una película que pasó de Warner Bros a Paramount y que suponía la segunda adaptación del mismo material de cine negro obra de James M. Cain.
El amigo y compañero de Nicholson, desde los tiempos del anonimato absoluto, Bob Rafelson sería el elegido para ponerse detrás de las cámaras. Como guionista se contrató a David Mamet que, en algún momento, también ambicionó dirigir el film. Algo que no lograría hasta ‘La casa de juegos’ (1987). El libreto de Mamet se nota de encargo. Para empezar se adhiere a la novela, manteniéndose sin alardes al tono del original del film en blanco y negro de 1946. Y, además, no lograr plasmar en sus páginas su propia personalidad. Así pues, este libreto de Mamet quedó claramente como un trabajo alimenticio para lograr aspirar a metas mayores.

Hay films que tienden a ser tildados de clásicos. Películas que en nuestra memoria permanecen muy claras, sobre todo por el impacto de una o varias secuencias. Y esto hace que, equivocadamente, pensemos que eran mejores de lo que fueron. En este caso, ‘El cartero siempre llama dos veces’ es un claro ejemplo de esto. Hay espectadores que la conocen, sin haberla visto, por la fama que alcanzó y siempre arrastró debido a una secuencia muy concreta protagonizada por Jack Nicholson y Jessica Lange. Me refiero a una escena muy tórrida que levantó ampollas en su momento. Sobre la misma se sustentó gran parte de la publicidad y ambición del film en el momento de su estreno. Incluso se jugó con el tag-line de encontrar aquí mayor explosividad que en otro ejemplo de cine controvertido como fue ‘El último tango en París’ (Bernardo Bertolucci, 1972).
A nivel de ambientación y fotografía, la película capta notablemente la época de la gran depresión, las condiciones de vida de aquellos tiempos, la América rota y los valores en clara desazón. Igualmente es innegable que hay un gran poder en las interpretaciones… Pero, globalmente, solo estamos ante una buena película sin ir más allá. Eso sí, presenta ciertas ráfagas y picos de gran cine. Realmente, y hasta cierto punto, estamos ante una esperada cinta de cine negro. De ambiciones frustradas, romances imposibles y justicia divina o poética. Ahora bien, tampoco le podemos negar su trascendencia dando lugar a una serie de thrillers de alto voltaje. Films entre parejas que rompían el matrimonio de uno, o de los dos contrayentes, a riesgo de que esto les costará la vida. Ahí tenemos casos posteriores como ‘Fuego en el cuerpo’ (Lawrence Kasdan, 1981) o ‘Atracción fatal’ (Adrian Lyne, 1989).
En cualquier caso, Bob Rafelson no va más allá. Aunque filma, posiblemente, la secuencia de sexo más realista y “sucia” de la historia del cine. Pero, en el global, en la trama quedan cabos por atar. Y el devenir de los hechos nunca llega a las cimas de peligrosidad que uno debe esperar según se presentan y avanzan los actos… La música sí que es realmente interesante siendo usada como ambientación y estado de ánimo. Este apartado fue obra de Michael Small. Por su parte, la fotografía en color, pero con claras evocaciones de sombras, luces atenuadas y suciedad en el ambiente, la firmaría Sven Nykvist. Este último fue el responsable de infinidad de postales magistrales que jugaban con el citado blanco y negro y las sombras. Ganó dos Oscars a lo largo de su carrera.

El primer nombre en créditos del film es Jack Nicholson como Frank Chambers. El genial actor estaba el cenit de su estrellato. Por entonces ya contaba con un Oscar y cinco nominaciones. Nicholson prácticamente está presente en todas las escenas, incluso cuando no lo está acecha a los otros personajes como un búho o un gato en las sombras de la noche. Jack saca adelante su personaje tirando de su vena de truhan y buscavidas. En su performance es parte él mismo… y parte un personaje amoral. Un tipo que, aunque sabe la diferencia entre el bien y el mal, cree que podrá salir indemne de sus actos. Eso sí, ojo a cómo le va empujando más allá el personaje de Cora.
A la citada Cora le da vida una sobresaliente Jessica Lange. La actriz roba totalmente la película desde su primera aparición. Imposible pensar en otra artista que fuera capaz no ya de igualar, sino de mejorar a Lange en dicho rol. Sin duda, no se hizo justicia con que ni tan siquiera fuera nominada a los premios de la Academia de 1982. Su interpretación aquí sería el súmmum de la carrera de cualquier otra actriz, pero para semejante dama del cine solo fue “un día más en la oficina”.
Por su parte, John Colicos encarna a Nick Papadakis, un griego con el mal del emigrante arraigado en su cuerpo. Un individuo que se cree realmente menos que los propios americanos… y que se refugia en sus propios compatriotas para no terminar de formar parte de la comunidad. De ahí le surgen sus mayores problemas… No es para nada una mala labor la de Colicos, pero se nota que está varios peldaños por debajo de Jack y Jessica. Por otra banda toca mencionar las apariciones de Michael Lerner como un abogado que engaña con su atuendo y postura corporal, John P. Ryan es su pelirrojo ayudante y William Traylor es un agente de la ley que viene siguiendo a Frank por varios estados. Por último, destacar los cameos de Anjelica Huston, Christopher Lloyd y Brion James.
“A las personas las cuelgan por eso” (Frank)

En resumidas cuentas.
Acabo esta crítica de El cartero siempre llama dos veces, una interesante, aunque tardía, propuesta en su concepción del noir más clásico. Resulta claramente recordada por la explosiva y erótica secuencia entre Nicholson y Lange… pero, mirando más allá de la misma, destaca un trabajo realista y contenido del primero y una actuación monumental de la segunda. En definitiva, estamos ante buena película… pero por debajo de su fama.
Tráiler de El cartero siempre llama dos veces
La peligrosidad que destila una sola mirada Jessica Lange. La aparición in crescendo de un genial Michael Lerner. Su final, aunque se intuye e incluso se avisa, resulta impactante (ojo a la reacción de Jack/Frank).
No entrega una mala labor, pero John Colicos queda por debajo de la dupla protagonista (quizá se necesitaba de un actor que pudiera equiparárseles). En el lío de los dólares y las pólizas puede no resultar creíble que ninguno de los dos implicados lo supieran.






