City Hall: La sombra de la corrupción

GÉNERO: Drama, Intriga, Thriller
DIRECTOR: Harold Becker
TÍTULO ORIGINAL: City Hall
PAÍS: EE.UU.
AÑO: 1996
DURACIÓN: 111 minutos
GUIÓN: Ken Lipper, Paul Schrader y Nicholas Pileggi
FOTOGRAFÍA: Michael Seresin
MÚSICA: Jerry Goldsmith

📄 SINOPSIS:

Brooklyn. Un detective y un informante acuden a una cita con un esbirro de una mafia local. El encuentro acaba mal y tanto el detective como el sicario acaban matándose entre ellos… pero una bala perdida alcanza a un niño de ocho años. La mano derecha del alcalde inicia la investigación pertinente para esclarecer los hechos. Sin embargo, todo comienza a enmarañarse apuntando mucho más alto de lo que en un principio parecía. (Cineycine).

“Ha enmudecido un corazón y un niño ha muerto. Era puro e inocente. Mientras no podamos recorrer las calles libres de temor… ¡no tendremos ciudad! Una vez fuimos grandes. ¿No podemos volver a serlo? Había un palacio que era una ciudad. ¡Levantaos conmigo! Reconstruiremos sobre el alma de este pequeño guerrero. Hasta que esta ciudad. ¡Vuestra ciudad! ¡Su ciudad! ¡Sea un palacio otra vez! Estoy contigo, pequeño James. Yo soy tú”. Bienvenidos a ‘City Hall: La sombra de la corrupción’.

“La ciudad de Nueva York… se han dicho muchas cosas de ella. A mi hay una que me gusta mucho: Nueva York puede destruirte o hacerte grande, aunque eso depende mucho de la suerte” (Kevin Calhoun)

Crítica de City Hall: La sombra de la corrupción

Tras trabajar juntos en Melodía de seducción (1989), Harold Becker y Al Pacino se unieron de nuevo en el film que hoy nos ocupa: ‘City Hall: La sombra de la corrupción’. Estamos ante un thriller político que camina por territorios fácilmente reconocibles. Quizá se puede tildar de estar demasiado idealizado, pero resulta bien escrito e interpretado. Además contiene un mensaje que consigue proponer el suficiente debate como para que la película no quede del todo en tierra de nadie. Y esto, indudablemente, se debe a que en el guión original trabajaron dos nombres claves muy vinculados al cine de Martin Scorsese. Me refiero a Paul Schrader y Nicholas Pileggi. Ambos contaron con añadidos de Ken Lipper en su único crédito como escribano.

La mezcla del siempre visceral tipo de relatos de Schrader con los ambientes gansteriles y de tratos bajo cuerda de Pileggi es la que gana la partida. No sabemos muy bien dónde queda Lipper en la ecuación. A no ser que su función fuera la de hacer comercial, y vendible, el más que seguro intrincado y contundente retrato de los dos primeros. Recordemos que Schrader y Pileggi no son precisamente conocidos por sus guiones con personajes amables. Y es que ‘City Hall’ fue concebida ante todo para ser un éxito comercial. Para ello se gastaron 40 millones de dólares de entonces en hacerla y se unió a Pacino con dos pujantes jóvenes procedentes de viejas dinastías de Hollywood. Me refiero a John Cusack y Bridget Fonda.

Harold Becker, el hombre detrás de las cámaras, era un tipo sobre todo fiable. Un director poco amigo de las estridencias. Becker se limitaba a filmar al estilo clásico y sin llamar demasiado la atención. Ante todo dejaba que la historia, los lugares y los actores fueran quienes “hicieran” la película. En ‘City Hall’, posiblemente, es donde menos encaja su estilo… aunque, a priori, pudiera parecer lo contrario. El film necesitaba de un realizador con más viveza y personalidad para que la propuesta cobrara mayor vida. Y en eso fallaron todos en su elección.

Podemos decir que el film camina por el drama, las intrigas políticas/criminales, el retrato de la política de interior y exterior, el cómo el poder va cambiando al que lo ostenta… y como todos al final cargan con deudas morales o personales. Deudas que, en algún momento, acabarán por afectarles y atraparles de lleno. En este aspecto, logra resultar bien hilada la frase de un personaje: “¿Por qué siempre que quieres hacer algo bueno viene la gente buena y te jode?”. Ese tag-line sujeta todo el esquema del film. En la creencia de que los diferentes políticos, y estamentos importantes que forman el Nueva York de la película, buscaban fórmulas para un bien mayor… nunca para el propio, aunque por el camino fueran algunas cuestionables.

En cuanto a la ambientación, hay varias luchas de estilos. De un lado, las oficinas, ruedas de prensa, eventos, salas de juicio y traslados ajetreados propios de políticos y mandamases en perpetuo movimiento. Y, del otro, la versión más sucia y real. Esto es la NY de la calle, los metros, las cafeterías,… en definitiva, las zonas en las que viven los jefes de distrito o los ciudadanos de a pie. En ambos mundos se vislumbra una bien medida labor a cargo de Michael Seresin. La fanfarria musical la firma Jerry Goldsmith en una reconocible y alimenticia labor que casa con las imágenes y el tono, pero que no resulta especialmente recordable.

Todo el libreto, montaje y dirección cae del lado del protagonista principal de la función, Al Pacino (John Pappas). El mito está volcado de lleno en una recreación de alcalde de Nueva York con metas altas. Pero que sabe que, por el camino, hay que hacer tratos de todo tipo… Sin entregar una actuación de las mejores de los noventa por su parte, si que consigue llenar los zapatos de su personaje. Aunque no siempre el tiro acabe dando en la diana. De todas sus escenas, especialmente buenas resultan aquellas que tiene con su mano derecha, Kevin. ¡Y cómo no! la más recordada del film: la de su speech detrás del pequeño ataúd blanco impoluto del niño asesinado.

El citado Kevin es interpretado por John Cusack. El actor recrea a un chaval de Louisiana que acabó como ayudante de un carismático alcalde al que idolatraba antes de conocerlo. En ese punto lo conocemos y todo lo que viene luego forma parte de cómo dicho personaje comienza a ver por sus propios ojos, en lugar de a través de los de su jefe… Un rol cumplidor y poco más. Lo mismo podemos decir de Bridget Fonda (Marybeth), que comienza como una amenaza, por vigilar intereses contrapuestos, pero acaba formando equipo con Kevin sin mediar mucho para que esto fuera más natural. Esto es un claro ejemplo de que la trama pasa por alto temas que iban para más y nunca se cierran del todo. Lo cual nos hace sospechar de un claro recorte de metraje en pos de una visión comercial del film.

En el apartado de secundarios, buena labor de Danny Aiello (Frank Anselmo) como un jefe de distrito de los bajos fondos de Manhattan. También está Martin Landau (Juez Stern) en apenas un cameo de dos escenas encarnando a un juez puesto en tela de juicio. Por su parte, Anthony Franciosa (Paul Zapatti) es un jefe criminal que no quiere mala publicidad por el mal devenir de su sobrino. David Paymer (Abe) es un enlace entre el gabinete político y los estamentos judiciales que siempre tiene alguna palabra judía para definir los asuntos que investiga. Y, por último, Nestor Serrano y Larry Romano interpretan a los dos personajes que hacen arrancar el film. El primero es el detective Santos y el segundo el esbirro gansteril Tino Zapatti.

“Dentro de ti sabes que hay una línea infranqueable. Y, tras un millar de tratos, ninguno es demasiado. Y la línea se borra” (John Pappas)

En resumidas cuentas.
Acabo esta crítica de City Hall: La sombra de la corrupción, interesante en su retrato de puertas para adentro sobre la política y el deber para con el pueblo por encima de los intereses personales. Y, aunque no logra llegar a las cotas que ambicionaba, contiene apuntes que la hacen rescatable. Además de una animada y, hasta cierto punto, electrizante interpretación de Al Pacino en su vertiente de “sobreactor”. Lástima que, en conjunto, pecara de no ir más allá y de no tener a un director con más personalidad.

Tráiler de City Hall: La sombra de la corrupción

+ Lo mejor:

La dinámica padre-hijo de Pacino y Cusack. La secuencia digna de un predicador afroamericano en donde Pappas lanza un monólogo sobre alzarse en nombre del niño asesinado en su funeral. Todo lo terriblemente real que se ve el momento de los 40,000 dólares que Zapatti entrega para sacar su nombre de los titulares de prensa.

- Lo peor:

Después de su comienzo, el film nunca termina de honrar las posibilidades que el mismo ambicionaba. Hay muchas subtramas que apuntaban a más importantes y luego se descubre que se abren solo para dar información no terminándose de ahondar en ellas… haciendo que algunos personajes se olviden de lo que estaban haciendo o de dónde venían (todo por el interés de aligerar un ritmo narrativo). Bridget Fonda nunca se cree su papel y eso lastra la mayor parte de sus escenas.

Puntuación de Cineycine

DIRECCIÓN
6
GUIÓN
6.5
REPARTO
7
6.5

J. Glez

Crítico de cine especializado en análisis cinematográfico y reseñas detalladas de películas.
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