Un hombre lobo americano en Londres

📄 SINOPSIS:
David y Jack son dos jóvenes mochileros norteamericanos que van a pasar tres meses recorriendo Europa. Al llegar a una zona rural desolada, en Inglaterra, la gente de una extraña taberna llamada ‘La oveja degollada’ les advierte del peligro de salir a los páramos por la noche. Sin embargo, David y Jack se despistan y caen presa de una bestia sedienta de sangre. Al ataque solo sobrevive David, pero su pesadilla y maldición no han hecho más que empezar... (Cineycine).
John Landis, que venía de encadenar varios éxitos de forma consecutiva en el género de la comedia, se aventuró a trasladar a la gran pantalla su visión sobre el mito del hombre lobo en una terrorífica y, al mismo tiempo, divertida película. Hablamos de ‘Un hombre lobo americano en Londres’, un auténtico y verdadero film de culto.
“No os salgáis al páramo… y cuidado con la luna” (Aldeano)

Crítica de Un hombre lobo americano en Londres
La mitología del hombre lobo ha dado mucho de sí a lo largo de la historia del cine. Y, normalmente, con excelentes resultados. Echando la vista atrás podemos contemplar cómo el mito forjó su leyenda a través del celuloide a lo largo de diferentes décadas. Desde los primeros tiempos de Universal Pictures, pasando por la mítica Hammer y llegando hasta el referente español encarnado por Paul Naschy. Naturalmente también han existido propuestas más modernas, pero no menos interesantes, curiosas y reivindicables… Ahora bien, si hay dos películas del hombre lobo que realmente hayan quedado en la retina de todo espectador, estas fueron dos cintas rodadas en los 80. Me refiero a ‘Aullidos’ (Joe Dante, 1980) y al film que hoy nos ocupa: ‘Un hombre lobo americano en Londres’.
La inspiración para esta magna obra le vino a John Landis a la edad de 18 años. Por ese tiempo se encontraba en Yugoslavia trabajando como asistente de producción en ‘Los violentos de Kelly’ (Brian G. Hutton, 1970). Allí fue donde Landis presenció, por mera casualidad, un ritual gitano durante el entierro de una persona. El ritual consistía en sepultar al cadáver totalmente de pie, a gran profundidad y recubierto de ajos y rosarios, para evitar que éste se levantara de la tumba y fuera en busca de sus familiares para echarles una maldición… Ese suceso le hizo recordar a Landis dos de sus mayores mitos terroríficos: los zombies y el hombre lobo. Y así fue como decidió escribir el guión de este film. Sin embargo, no fue hasta que triunfó con sus comedias que pudo conseguir la financiación para producirlo.

John Landis enfocó su propuesta con una visión mucho más juvenil. Su película combina elementos procedentes de la comedia, el romance y el cine teen con el género de terror más clásico. Y todo el conjunto final sustentado sobre una increíble ración de efectos especiales que marcaron un hito en la época. Por extraño que parezca, esta peculiar mezcla que se salía totalmente de los cánones establecidos por el género ¡funcionó a la perfección! De este modo, hablar de ‘Un hombre lobo americano en Londres’ es hablar de una película que supuso un antes y un después en el género de terror. Y, especialmente, en aquel enfocado en la leyenda del hombre lobo.
Es bien cierto que John Landis es un director evidentemente versado en el género cómico. Algo que queda patente en el film gracias a sus casi continuos toques de humor negro (nunca absurdo o gratuito). Pero, por otra parte, la película en absoluto se puede considerar como una estricta ‘comedia de terror’, tal y como ha sido catalogada desde prácticamente su existencia (especialmente en países como Alemania o Japón). De hecho, el propio Landis rechaza totalmente el etiquetado de ‘comedia’. Y razón no le falta. Ya que, independientemente de esas pinceladas de humor juvenil que merodean en la atmósfera de la película (por obra y gracia de sus dos jóvenes protagonistas), realmente estamos ante una cinta de terror. Y como tal funciona a la perfección logrando su cometido de horrorizarnos en muchos instantes.
En cualquier caso, también es indudable que Landis imprime a la cinta su genuino toque humorístico. Pero, precisamente, esta es la mayor virtud de la película: ser narrada desde una perspectiva inusual. Esto le da un toque tremendamente original a una historia que, hasta ese momento, había sido expuesta estrictamente bajo los pilares del cine de terror puro y duro. Por consiguiente, ‘Un hombre lobo americano en Londres’ es un producto tan peculiar como único y genial. “Demasiado terrorífico para ser divertido y demasiado divertido para ser terrorífico…” decían los estudios y productores.

Al margen de lo anterior, también hay una cierta visión clásica gracias a muchos de sus atmosféricos y terroríficos momentos. Por ejemplo, la sensacional secuencia nocturna con nuestros protagonistas acercándose a los páramos mientras charlan y ríen… olvidándose de las advertencias de los lugareños. Escuchar en ese momento el tenebroso aullido de la bestia es, sin duda, uno de los instantes estrella del film. Y lo es, principalmente, por la inteligencia de Landis al rodar la escena con un plano abierto que describe visualmente todo lo que va aconteciendo… Y lo mismo podemos decir de la tensa y genial secuencia que transcurre en el metro. Una escena rodada con amplios y lejanos planos que nos muestran todas y cada una de las esquinas y pasillos por dónde podía aparecer la temible bestia. Por no hablar del soberbio cierre que tiene lugar en el Picadilly Circus Londinense.
Pero si existe un momento cumbre ese es el instante de la transformación de David. Sin lugar a dudas, estamos ante la transformación más espectacular, dolorosa, sobrecogedora, gráfica y realista del cine de género. Un momento inigualable que ha sido imitado en infinidad de ocasiones, y con tecnología superior, aunque con resultados ni parecidos. En dicha secuencia los increíbles efectos especiales de Rick Baker alcanzan su cenit al mostrarnos cada parte del cuerpo de nuestro protagonista mutando de hombre a lobo, poco a poco, y en precisos primeros planos (se tardó una semana completa en filmar tan espeluznante secuencia). Y no menos increíbles son los maquillajes a los que se sometió Griffin Dunne (Jack) para transformarse en el cada vez más putrefacto cadáver que se aparece a su amigo, David. Como curiosidad, la Academia creó especialmente el Oscar al Mejor Maquillaje para otorgarlo al film.
Sobre la filmación decir que la película se rodó en diferentes localizaciones de Gran Bretaña (Gales, Londres y Windsor). Aunque, inicialmente, Landis había considerado ambientar la película en París. Esto último fue algo que sí sucedería en la «secuela» conocida como ‘Un hombre lobo americano en París’ (Anthony Waller, 1997). Por otra parte, y para la banda sonora, Landis seleccionó todas aquellas canciones que pudo conseguir y que contuvieran en su título la palabra ‘Moon’. Las únicas que no pudo lograr fueron ‘Moonshadow’ de Cat Stevens, una versión de ‘Blue’ de Bob Dylan y, finalmente, otra versión de ‘Blue Moon’ de Elvis Presley.

Uno de los puntos más característicos del film fue su reparto. Y no precisamente por el renombre de sus actores, sino todo lo contrario. Los elegidos serían David Naughton, Griffin Dunne y Jenny Agutter. Los dos primeros encarnan a los amigos David y Jack. Por su parte, la actriz hizo lo propio con Alex, la enfermera. David es el protagonista principal que sobrevive al ataque de un hombre lobo. Inevitablemente, y más tarde, sufrirá las terribles consecuencias de ello. Jack muere destrozado por la bestia convirtiéndose en un putrefacto zombi que advertirá a su amigo sobre la maldición. Alex es la protagonista femenina de la que David se enamora durante su estancia en el hospital. Finalmente, entre los secundarios, destacar a John Woodvine como el Doctor Hirsch, el médico que lleva el caso de David y que investigará los hechos.
A pesar de no ser muy famosos, los integrantes del reparto están más que acertados. Sobre todo hay que apreciar la gran labor interpretativa de todos y cada uno de ellos en la película. No obstante, los productores habían propuesto a Landis contratar a Dan Aykroyd y John Belushi, los protagonistas de su film ‘Granujas a todo ritmo’ (1980), para interpretar a David y Jack. Sin embargo, Landis se negó. El director y guionista afirmó que ambos actores no encajarían en una producción de terror debido a su perfil excesivamente cómico y que esto acabaría afectando a la producción.

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Un hombre lobo americano en Londres, una cinta tan eficaz como perfecta donde la espectacularidad, el romance, la violencia y el caos confluyen con un conmovedor y dramático clímax. Una auténtica pieza clave del cine de género de los 80 hasta el punto de crear gran influencia en infinidad de directores y producciones posteriores. Por lo que respecta a un servidor estamos una obra maestra aún a descubrir por muchos.
Tráiler de Un hombre lobo americano en Londres
Los soberbios efectos especiales con mención especial para la increíble transformación de hombre a lobo filmada con luz y nitidez. La bestia de esta cinta es una de las creaciones más fabulosas e increíblemente reales de toda la historia del cine de terror. El original guión. La atípica banda sonora (todas las canciones hacen referencia a la luna destacando el magnífico ‘Blue Moon’ de ‘The Marcels’ en los créditos finales). El peculiar tono que Landis imprime al film.
Nada.






